
En Formentera quedan sitios donde todo va a otro ritmo. Este es uno de ellos.
El bar de siempre, sin artificios. Donde huele a comida de recetas que no cambian, no lo han necesitado. Aquí se viene a pasarla y a comer bien, como se ha hecho toda la vida: producto, oficio, ambiente y cariño. Es cercano, sincero, de aquí. Te hablan claro, te recomiendan lo que toca y, sin darte cuenta, eres uno más.
No pretende ser otra cosa, y quizá por eso lo es todo. Un lugar al que se vuelve, porque es de la isla, de su manera y su cocina.
El Can Toni… se siente y entiende más que se explica.














